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Decírselo con tu estado de whatsapp no es la mejor idea.

septiembre 23, 2015
imagen: hikingartist.com

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La Terapia Gestalt se inventó mucho antes que whatsapp, pero es muy fácil imaginarse a sus padres fundadores tirándose de los pelos por las últimas formas de comunicación que hemos inventado. Para la Terapia Gestalt una vida sana implica contactar con nuestro entorno. Nutrirnos de las novedades que nos aporta adaptándonos a él y a la vez moldeándolo para hacerlo nuestro y obtener de él lo que necesitamos. Para un animal social como nosotros, el entorno es fundamentalmente el resto de nuestro grupo y contactar significa sobre todo comunicarse. Es decir, una vida satisfactoria implica comunicarnos satisfactoriamente con los demás.
Aunque alguno se sorprenda, aullar a la luna no es comunicarse con la luna. El receptor del mensaje te tiene que oír. Tiene que saber que te diriges a él. Y tú tienes que saber que él lo sabe. Y él tiene que saber que tú sabes que él lo sabe… y así hasta el infinito. Conseguir esta certeza con el doble check de whatsapp es muy muy complicado, pero cuesta menos de una décima de segundo mirándose a los ojos.
¡He aquí otro mensaje paradójico! Otro buen consejo sobre las ventajas de volver a una vida más sencilla y directa comunicado a través de una red social almacenada en el hiperespacio. Totalmente cierto. Me declaro culpable, pero por algo será que cada vez nos encontramos con más mensajes de este tipo.
Cada vez tenemos más medios para comunicarnos con nuestro entorno y paradójicamente hay una creciente noción de que estamos cada vez menos conectados a nivel íntimo con los demás. La cuestión parece estar en la calidad de la comunicación. Las nuevas vías de comunicación transmiten solo una parte de toda la información que nuestro cerebro está preparado para recibir y procesar a la hora de comunicarse con un congénere (Entonación, postura corporal, distancia entre los dos, dirección de la mirada…). Cuanto más basamos nuestra relación con el entorno en estas pseudo-comunicaciones, más conectados nos sentimos en cuanto a cantidad de conexión (llegando incluso al agobio) pero a la vez sentimos crecer una pequeña sensación de insatisfacción o de frustración provocada por toda ese tipo de información no verbal que no estamos emitiendo ni recibiendo. Una especie de déficit que se va generando mientras nos comunicamos, por ejemplo, por whatsapp con nuestros amigos y que se reequilibra solo cuando volvemos a quedar con ellos en persona.

Por otra parte, no olvidemos que el cerebro, como el corazón, es un órgano que no se detiene nunca. Así que no se esperemos que se quede tranquilo si recibe solo una fracción de la información que necesit. Todo lo que no le demos, lo va a completar. Lo tiene que completar. No puede actuar de otra forma. Así que cuando lea un mensaje de whatsapp, le va a poner entonación. Ahora, ¿cuál? La que tenga más a mano. La que forme parte de su creencia sobre cómo le trata el mundo habitualmente. En cualquier caso, no necesariamente la que pretendía el emisor.

La comunicación como herramienta para contactar con nuestro entorno de manera satisfactoria implica decir lo que necesitamos decir, a quien necesitamos decírselo, y cuando necesitamos decírselo, o por lo menos cuando es posible ser escuchado. En cualquier otro caso, parafraseando a la gran Verónica Aracil, ¡la frustración está servida!

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